martes, 8 de septiembre de 2015

Sugerencias para innovar en la empresa

La innovación no es un ingrediente que únicamente tenga sentido en un nuevo proyecto que abre sus puertas en el mercado sino que una empresa consolidada que está en una constante evolución, puede tomar la iniciativa de emprender nuevos retos con el objetivo de integrar la innovación en el negocio. ¿Cómo innovar a nivel empresarial?



Fruto de una planificación previa

El concepto de innovación está muy vinculado a la creatividad. Sin embargo, en el contexto empresarial, dicha innovación creativa debe ser fruto de una reflexión y una planificación previa que permita analizar las consecuencias y ventajas de dicha opción a través del recursos del análisis Dafo (evaluación de debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades de la idea de innovación).

Identificar una necesidad concreta

Para que la innovación tenga sentido también debe de convencer a los potenciales clientes que deben mostrarse interesados en ese servicio. Por esta razón, para innovar con un nuevo servicio, previamente, es muy importante analizar una necesidad insatisfecha que puede cubrirse. En ocasiones, la innovación también pasa por hacer lo que se hace habitualmente pero de una forma diferente. También es posible ofrecer servicios complementarios. Por ejemplo, hoy en día existen empresas que ofrecen servicios de consultoría que también ofrecen servicio de coaching.

Integrar la innovación de menor a mayor escala

Un cambio en una empresa consolidada puede integrarse de una forma gradual para que la novedad pueda apoyarse en aquello que sí funciona. Además, también es positivo poder observar la evolución de dicho cambio.

Una forma positiva de integrar la innovación en la empresa es buscar soluciones diferentes a los problemas habituales de la empresa. De este modo, también es posible encontrar planes alternativos de actuación. Definir el presupuesto para invertir en innovación también es un paso necesario para concretar los recursos disponibles.

Marc Soriano
Coach ejecutivo

lunes, 7 de septiembre de 2015

Cómo desarrollar tu habilidad para ser lider

La labor de liderazgo implica, entre otras cosas, la capacidad de mantener coordinada a la compañía para no sólo sobrevivir, sino mantenerla a la cabeza de la competencia.


Cuando la estructura de tu negocio crece, debes lograr que cada líder se mantenga con una amplia perspectiva del negocio y sus objetivos, así como de las limitantes y problemas relacionados interna y externamente con la empresa; para que puedan actuar adecuadamente en su función y juntos lograr el éxito que esperas y visualizaste previo a la fundación de tu negocio.

Claridad del negocio y posicionamiento. Esto implica dos aspectos importantes, debes asegurarte de crear y mantener una idea clara y atractiva para tus clientes y que te distinga ante ellos

Planeación y adaptación. Estar al pendiente de cualquier cambio en la tendencia de las necesidades, deseos o hábitos de clientes actuales y potenciales, te permitirá planear los ajustes convenientes, manteniendo vigente la idea central de tu negocio

Desarrollo del personal. El ejercicio efectivo de tu liderazgo se ve reflejado en las oportunidades de crecimiento y desarrollo que proporcionas a tus empleados.

Trabajo en equipo. El fruto de tu esfuerzo como líder se ve reflejado en el manejo de capacidades y talentos de tu personal, a la par que logras que sean capaces de trabajar en equipo.

Administración de la información. Contar con un buen equipo es esencial, sin embargo, tu labor de líder habrá de fomentar el libre flujo de datos e información, alentando la aportación de ideas.

Establecimiento de metas y objetivos. Si planeas, entonces determinar objetivos realistas y alcanzables no será mayor complicación. Con esto evitarás lo que muchos jefes hacen al fijar la meta del año por venir, agregando solamente un “factor” incremental a la cifra del año pasado.

Fijar prioridades. Es muy frecuente que las empresas pequeñas y medianas, en proceso de crecimiento, se vean invadidas por tareas y actividades de corto plazo, sin que se preocupen u ocupen de atender lo estratégico.

Negociar y manejar conflictos. Un buen liderazgo implicará definir una ruta para comprender y resolver las preocupaciones legítimas, consensarlas y tratar asertivamente intereses de grupos o áreas distintas.

Motivación. Con varias teorías de apoyo, la gran habilidad de tu liderazgo facilitará que la gente en tu empresa comparta a lo larga del tiempo los valores, objetivos e idea central del negocio.

Retroalimentación. No basta sólo con darles tareas variadas a tu personal, ni ayudarles a que se identifiquen con esas actividades, ni que entiendan el significado esperado de sus resultados, o que tengan autonomía suficiente para realizarlas, lo que enriquece el trabajo de tus colaboradores.

La mejora en aquellos puntos que necesites optimizar no surge de la noche a la mañana; no en balde, se dice que los verdaderos líderes tienen la disciplina y compromiso necesarios para perfeccionarse continuamente. Aprovecha de estos consejos para desarrollar tu liderazgo.

Marc Soriano
Coach ejecutivo

viernes, 4 de septiembre de 2015

El papel de la comunicación estratégica aplicada en el ámbito de las organizaciones

Entre los múltiples cambios que han ocurrido en las empresas del siglo XXI está la imagen de la comunicación. Sí, la comunicación ha cobrado fuerza y relevancia en el marco organizacional y ha sido tal su estructuración e importancia, que de ella depende no sólo el éxito de una negociación, el establecimiento y la ampliación de contactos, o el manejo interno de la organización; también se le vincula a la construcción misma de la imagen de la empresa, la determinación de estrategias efectivas y, como lo indica Joan Costa, su definición, impulso, realización y control. De esta forma, la comunicación se ha convertido en el pilar de la empresa, al ocupar un lugar estratégico tan importante como la propia producción de objetos y servicios.

La comunicación organizacional tiene su base en la "palabra hecha discurso", y éste, a su vez, tiene como finalidad la acción. Así, tal y como lo recalcan Helena Calsamiglia y Amparo Tusson (1999), la palabra es acción, el discurso es acción. Y como lo complementa Joan Costa (1999), la comunicación es acción y las organizaciones, entre ellas, las empresas, son mundos de acción por las interacciones sociales que en ellas se generan y por los procesos que de ellas se establecen. La palabra, el discurso y la comunicación se convierten así en el eje central de la organización, por medio de las cuales se hace posible su actuar y razón de ser: en otras palabras, ser competitivas y crear identidad.

En relación con la asociación “palabra – discurso” dentro de las organizaciones, en ella se fundamenta, en primera instancia, la identidad corporativa. De esta forma, en la comunicación organizacional un paso fundamental y primario es el establecimiento de un discurso propio de la empresa que reúna, como se dijo antes, la misión, visión, proyección estratégica, los objetivos generales, la estructura organizativa y los valores de la organización. En otras palabras, por medio del discurso se crea la cultura organizacional y esta cultura se asocia, a su vez, con las interacciones sociales de los miembros que la conforman. Así, el discurso de la cultura organizacional no se instaura de la nada, sino que se basa en la organización misma y en su dinámica de acción.

Con un discurso organizacional propio se promueve ya una acción al interior de la organización, un hacer y un sentir con palabras. Y esa cultura ha de verse reflejada hacia fuera, también por medio del discurso y la comunicación organizacional externa. Y es que más que ofrecer o vender un producto, se ofrece y se promociona una imagen institucional, cuestión que ya supone un cambio de visión. La creación de esa imagen implica, a la vez, una estrategia de comunicación.

Ahora bien, la acción estratégica de la comunicación en las organizaciones centra su tarea en las interacciones sociales: éstas son mediadas por procesos comunicativos, tanto al interior como al exterior. Estos procesos se hacen posibles, básicamente, mediante el buen uso de la lengua - escrita y oral - y por el establecimiento y uso de otros sistemas semióticos que también comunican. Así, la lengua define los términos de relación en las interacciones y es este campo desde donde se ha empezado a observar el surgimiento de nuevos lenguajes y de nuevas formas comunicativas que codifican los procesos inteligentes de las organizaciones. ¿Es su organización consciente de ello? ¿Es consciente su empresa de la definición de su identidad? ¿Su organización transmite adecuada y efectivamente su imagen, la de sus productos y servicios a su mercado potencial? ¿Qué usos hace su empresa de la comunicación organizacional? ¿Qué estrategias de comunicación emplea su empresa que le generen mayor productividad, competitividad y ganancias tangibles?

Los elementos que conforman el proceso de la comunicación -como el lenguaje y la lengua- deben transformarse estratégicamente en acciones permanentes en relación con su propia imagen y con el contexto donde se desarrolla la organización, ya sea a nivel local, nacional o global. Este contexto, sin duda alguna, se enmarca en la competitividad. Las empresas evolucionan a la par con la imperante necesidad de ser competitivas en un mundo abierto a la globalización, en donde gestionar la comunicación es una acción imposible de posponer en cualquier tipo de empresa.

Como lo afirma Joan Costa (2004): “es necesario contar con una plataforma estratégica que permita a las organizaciones dar respuestas eficientes a su entorno y gestionar sus relaciones y vínculos con todos sus públicos (...). Las organizaciones que planifican conciente, estructural e integralmente la comunicación, logran una mayor productividad, competitividad y alcanzan sus objetivos corporativos”. En pocas palabras, se requiere una acción de planificación y de puesta en marcha sobre la comunicación. Esto es posible: 1) si se comprende a cabalidad cuáles son los nexos y contextos de competitividad de la propia empresa y 2) si se es consciente del tipo de organización que se requiere para la acción (identidad, cultura y marco organizacional). En este último punto, la comunicación como estrategia organizacional debe adquirir mayor fuerza por el discurso y la identidad corporativa (relacionados con otros signos organizacionales); por las significaciones en el mundo global – es decir, los lenguajes que la globalizan –; por la importancia del dominio y el uso de otras lenguas para garantizar una comunicación intercultural efectiva y para el acceso a la sociedad del conocimiento internacional; por el manejo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en procesos de gestión del conocimiento multicultural y multilingüe. Todos estos aspectos sólo pueden ser parte de la organización de una empresa por medio de la planificación, la implementación y el uso efectivo, eficaz y eficiente de estrategias de comunicación adecuadas para cada organización y acordes con el contexto socio-comercial globalizado del momento.

Es importante resaltar que esta comunicación en y para la acción no se rige por un esquema lineal, como los propuestos por los modelos teóricos tradicionales de la comunicación: se requiere apertura, innovación constante y pleno reconocimiento del entorno cambiante del ámbito de los negocios. Se necesita creatividad en el uso de la palabra y el discurso y la apropiación del medio. Se convierte en una real necesidad conformar un discurso organizacional que se proyecte al interior y hacia el exterior de la empresa, un discurso coherente con los propósitos que busca la organización y con la realidad externa en la que está inmersa, un discurso y una comunicación de competitividad y cambio que se convierta en acción tangible.

En síntesis, la comunicación es acción, y la acción genera cambios y progreso.

Este artículo busca motivar la reflexión en torno a la comunicación organizacional y a su vez, es una invitación para que los directivos, gerentes o dueños de empresas consideren la importancia de la comunicación en el interior de la organización y la tomen en serio. Y su negocio, ¿ha tomado en cuenta estos aspectos?

Doctora Olga Edith López Abril

Marc Soriano
Coach ejecutivo

jueves, 3 de septiembre de 2015

El Coaching ejecutivo en el nuevo mundo de los negocios

Cada día somos testigos de la publicación de más libros y artículos relacionados con la práctica del coaching. El aumento en la frecuencia de la discusión pública de esta práctica profesional está vinculado al hecho de que su presencia en el mundo corporativo va creciendo a pasos agigantados. No se trata únicamente de que los estimados de la revista británica The Economist apuntaran hace más de dos años a que el mercado del coaching tuviese un valor de alrededor de un billón de dólar, sino que la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard proyecta que esa cifra se habrá de duplicar en los próximos dos años. Conviene precisar algunas de las razones que están dando paso a ese crecimiento.

La manera más sencilla de explicarlo es diciendo que las organizaciones ya no son lo que eran y que ese cambio se ha producido, y se sigue produciendo, a una velocidad sorprendente. Las reglas de juego con que hoy operan las empresas para asegurar su ventaja competitiva en un mundo globalizado, y cada vez más impredecible, son bastante diferentes de aquellas con las cuales se educaron tanto los líderes de hoy, como los que están emergiendo como sus potenciales sucesores en la dirección de muchas empresas.

La compleja sofisticación con que las compañías deben enfrentarse a los retos de construir alianzas estratégicas; identificar criterios renovados de productividad, efectividad y eficiencia; fortalecer sus culturas de servicio al cliente; invertir en su capital humano y fortalecer su capital social; ejercer el liderazgo y proveer dirección estratégica; tomar decisiones gerenciales de manera proactiva y no reactiva; estimular a sus equipos de trabajo a analizar el entorno organizacional y estar siempre alerta para adaptarse y responder creativamente a las nuevas tendencias; navegar con éxito en procesos de transformación organizacional; fortalecer los grupos de trabajo convirtiéndolos en equipos de alta ejecución; incentivar la innovación y la creatividad en las distintas instancias organizacionales; validar y modelar el aprendizaje organizacional, y articular los valores centrales que guíen la ética y la responsabilidad social de la empresa, exige que sus líderes actuales y los futuros asuman con entusiasmo el proceso de aprendizaje continuo que les permitirá enfrentar con éxito estos desafíos en el futuro inmediato y mediato, pero sin descuidar la ejecución empresarial de hoy.

Este enmarañado conjunto de exigencias confirma que el éxito de un líder organizacional va más allá del peritaje técnico que adquirió en su formación universitaria y en las primeras etapas de su experiencia profesional. Más aun el líder se enfrenta a la paradoja de que aquellas destrezas y conocimientos que fueron útiles en sus primeras experiencias gerenciales o fases intermedias de dirección, no son hoy ventajosas para ejecutar de manera efectiva. Son otras las destrezas que lo pueden equipar para liderar los saltos cuánticos en la ejecución de los equipos que tiene a cargo. Curiosamente, buena parte del conjunto de habilidades requerido para liderar con éxito una organización en el siglo XXI está estrechamente vinculada a la capacidad del líder para sustentar y modelar relaciones interpersonales saludables, estrategias de comunicación efectivas, y evidenciar altos niveles de inteligencia emocional y resiliencia ejecutiva.

Frente a este panorama tan desafiante y complejo, muchas empresas ampliaron sus programas de capacitación y desarrollo e invierten, todavía hoy, cuantiosas sumas en actividades de formación ejecutiva para sus cuadros directivos. Tales organizaciones se toman muy en serio esos esfuerzos y seleccionan con cuidado qué programas, cursos y seminarios son los más adecuados para atender las necesidades y debilidades que los directivos deben superar, así como las competencias que deben desarrollar. Se espera, naturalmente, que haya un retorno de la inversión en dichas actividades de formación. Los dividendos deben manifestarse, por ejemplo, en una reducción de los costos de transacción en la gestión organizacional gracias a una ejecución más efectiva, atinente y eficiente de sus directivos. Deben propender también a que se produzca un alineamiento estratégico entre las fortalezas renovadas y las nuevas competencias de los directivos, y los objetivos estratégicos de la organización. Ante todo, se espera que la formación dé paso a que los empresarios generen nuevos hábitos de gestión y relación que les permitan ser mejores líderes para dirigir estratégicamente al capital humano de la organización que comandan.

Sin embargo, importantes estudios recientes revelan que no todas las actividades de capacitación y desarrollo logran los mismos resultados. Más aun, cuando se investiga cuánto de lo trabajado en dichas experiencias formativas se traduce en cambios en comportamientos en la gestión cotidiana de los directivos, la evidencia es preocupante. Actividades tales como escuchar oradores invitados y conferencistas, en las que el ejecutivo se limita a atender y procesar lo escuchado, no logran un impacto mayor del quince por ciento. Experiencias que combinan conferencistas con actividades de aplicación práctica –talleres, trabajos en grupos, juegos de roles, entre otros- logran un impacto de un veinticinco por ciento en lo que respecta a transferencia al lugar de trabajo. Lo verdaderamente significativo de los estudios antes mencionados es la data que surge de aquellas actividades de capacitación y desarrollo que se complementan con programas individualizados de coaching, en los que por un período de seis a doce meses, luego de los seminarios y conferencias elegidos, los ejecutivos cuentan con el acompañamiento de un coach que le sirve como facilitador en el proceso de traducir el aprendizaje obtenido en nuevas prácticas, hábitos y comportamientos. En esos casos, de manera interesante, la efectividad de las actividades de capacitación y desarrollo,seguidas de programas de coaching, se traduce en un impacto del noventa por ciento en lo que a transferencia a la gestión cotidiana en el lugar de trabajo se refiere.

¿A qué se debe esta diferencia tan significativa? La explicación, aunque compleja, puede formularse de manera sencilla: los cambios en comportamientos no son meramente un asunto de voluntad. Si bien esa voluntad es un primer paso, y la toma de conciencia respecto a las desventajas de las prácticas poco efectivas y de la necesidad de cambiarlas es otro, ambos importantes, sin duda, los estilos y las prácticas de liderazgo empresarial que deben transformarse responden a hábitos profundamente arraigados y a estructuras de interpretación de las que los líderes se sirven para moldear sus modos de ser en el mundo. Adquirir nuevos conocimientos no basta para transformar tales hábitos y estructuras mentales. Se requiere algo más profundo y sostenido. Es allí donde los procesos de coaching han venido a cumplir una función medular y a complementar con éxito las actividades de formación y desarrollo.

Por medio de sus intervenciones y sirviéndose de una sólida formación que integra el conocimiento tanto del mundo gerencial como de las complejidades del comportamiento humano y organizacional, el coach corporativo se convierte en un aliado del líder en su proceso de crecimiento personal y de desarrollo de nuevas y renovadas competencias. Por medio de una escucha atenta y centrada en el deseo y el saber de su cliente, el coach lo anima, con sus preguntas y desafíos, a comprometerse con la ruta de la profundización tanto en su teatro interno como en sus potencialidades, y en la interrogación y modificación de hábitos poco productivos.

Esos cambios paradigmáticos y la transformación de hábitos por medio de una práctica sostenida acompañada de la retroalimentación de un coach corporativo, hacen posible que el directivo desarrolle nuevas competencias para un liderazgo efectivo; provea una adecuada dirección estratégica al talento humano de la empresa; logresostener un buen balance entre las exigencias profesionales y las personales; consiga cumplir con éxito y animar a otros al cumplimiento eficiente de los objetivos estratégicos; y aumente, como resultado de ello, la productividad y rentabilidad de la empresa. De ahí el valor que añade el coaching corporativo y que explica por qué cada vez más organizaciones exitosas seleccionan esa ruta para invertir en su talento directivo y catapultar así sus más importantes emprendimientos.

Doctor Alfredo Carrasquillo

Marc Soriano
Coach ejecutivo

miércoles, 2 de septiembre de 2015

El futuro de los Negocios

En la década de los 80, la mayoría de los negocios llevaban a cabo sus transacciones comerciales de manera presencial. Para el cliente había una necesidad de establecer un contacto físico con su vendedor, y este último, con su proveedor. Ya a principio de los 90, dichas transacciones comenzaron a llevarse a cabo de manera virtual. La popularidad de la Internet rebasó todo tipo de frontera empresarial y comenzó a otorgar cierta ventaja competitiva a todo tipo de negocio que hiciera uso de ella. Esta ventaja se hizo evidente no solamente en el ámbito empresarial, sino también a nivel personal. Ya no existía la necesidad de salir del hogar para realizar las compras. El ordenador fue el sustituto perfecto para los desplazamientos geográficos y, por consiguiente, se convirtió en el amante predilecto en las relaciones de pareja.

Ahora, en la primera década de 2000, contamos con el privilegio de acceder a la cuenta de correo electrónico desde el teléfono móvil, al igual que podemos verificar los balances de cuenta bancarios desde la comodidad del hogar, y/o comprar billetes de avión sin tener que recurrir a una agencia de viajes. Si ustedes piensan que este es el principio del fin en cuanto a avances tecnológicos se refiere, no se confundan. Esto apenas acaba de comenzar.

Recientemente, la compañía Apple lanzó al mercado la última revolución en telefonía móvil: el conocido iPhone. Lo innovador de este producto es que en un dispositivo de mano que pesa menos de 140 gramos, gracias al cual el usuario tiene la posibilidad de realizar y recibir llamadas, navegar por Internet, verificar la cuenta de correo electrónico, tomar fotos, grabar y ver vídeos, seleccionar música o elegir el mensaje de voz que se quiera escuchar, todo ello tan sólo con el toque de un botón. Este avance es uno de los medios por los cuales toda empresa virtual podrá llegar a las manos de sus clientes de la manera más rápida, sencilla y eficiente posible. Si antes había que esperar a que los clientes potenciales llegaran a sus hogares, abrieran sus ordenadores y se conectaran a Internet, ahora se podrá llegar a ellos sin importar el lugar en el que se encuentren y sin la necesidad de disponer de un ordenador portátil. La pregunta que surge es la siguiente: ¿Sería prematuro pensar acerca de una adopción masiva de este tipo de dispositivo de mano portátil con acceso a Internet? ¿Qué pasaría si se combinara el iPhone con un modelo de distribución de software?

El iPhone ha salido al mercado justo cuando la demanda por los modelos de distribución de software conocidos como SaaS (Software as a Service por sus siglas en inglés, o software como servicio) ha ido en aumento. El SaaS es un modelo de distribución de software donde la compañía que lo provee se encarga de su funcionamiento, mantenimiento y mejoras. Ejemplos clásicos de modelos de SaaS son las cuentas gratuitas de correo electrónico provistas por compañías como Yahoo, Hotmail o Gmail. Algunos consideran que es la alternativa al software basado en la compra de licencias. Compañías como IBM, Oracle, Microsoft, y SAP ya están haciendo planes inmediatos para mejorar el desarrollo de este tipo de producto y poder comercializarlo a nivel empresarial.

Según la firma consultora Gartner, se espera que para el año 2011 las ventas provenientes de estos modelos sobrepasen los 12.000 millones de euros a nivel mundial. El campo de aplicabilidad de un modelo híbrido, compuesto por un dispositivo de mano portátil como lo es el iPhone, y un modelo de distribución de software, es enorme. Existe un mar de oportunidades en áreas tan diversas como lo son la industria hotelera, los hospitales, el campo de gestión de operaciones y el área de ventas.

Debido a los recientes avances tecnológicos y al alcance ilimitado de la Web, la clave del éxito empresarial para cualquier negocio virtual residirá en la manera de presentar la información a su potencial cliente. Resulta importante cuestionarnos lo siguiente: ¿Cuál será mi ventaja competitiva? ¿Qué debo ofrecer y cómo ofrecerlo? ¿De qué manera le puedo presentar la información a mi cliente con el propósito de producir el mayor impacto posible? Éstas son preguntas que se deben tomar en cuenta, al saber que se vive en una sociedad que innova constantemente en el área tecnológica y en donde los avances de hoy, serán un recuerdo en el mañana.

Como dice el refrán: “no es cuestión de llegar a la cima, sino saber cómo mantenerse en ella”. ¿Sabes tú cómo?

José A. Sanabria, PhD.
Doctorando en Ciencias de la Gestión en Inteligencia Artificial

Marc Soriano
Coach ejecutivo