lunes, 7 de enero de 2019

Tienes un don, tienes una oportunidad

Sí, has entendido bien, una oportunidad no una habilidad. Probablemente ya has identificado aquellas tareas que se te dan bien y aquellas que te cuestan un poco más; seguro que tienes recuerdos, ya desde la escuela, de tareas que terminabas o hacías mejor que los demás: pueden ser de diversos tipos, desde terminar los deberes el primero a organizar los juegos, pasando por ganar en las carreras que echabais en el parque.





Pero estas tareas que hacías mejor que los demás no tenían por qué ser las tareas que más te gustaban, precisamente. Aunque, si bien es cierto, la personas tenemos una tendencia a que nos gusten las tareas en las que destacamos porque suelen ir acompañadas de una recompensa social muy poderosa que favorece la motivación intrínseca, es decir, la motivación por la propia tarea.

La distinción entre aquello en lo que destacamos y aquello con lo que disfrutamos es precisamente lo que produce que hablemos de oportunidad, de una ocasión propicia para alcanzar la felicidad. Poco a poco, la sociedad está tomando conciencia de la importancia de las emociones; empieza a comprender que durante muchos años las ha sacrificado en favor de la productividad y, ahora, que hemos conseguido que haya jornadas de trabajo interminables, empezamos a darnos cuenta de que quizá nuestras prioridades no son como nos las hemos planteado.

Así, si quieres tener una familia necesitas un sueldo, un salario que habitualmente (salvo afortunados) implica que te vas a pasar gran parte de tu día trabajando. Quizá para tu empresa lo más importante es que destaques en tu desempeño. Pero… ¿Y para ti?

Que en este trabajo puedas desarrollar tu DON, que puedas desarrollar una actividad en la que realmente disfrutes; una actividad que sume horas a tu vida y que sirva siempre de motor para otros aspectos y no como fuente de amargura y tristeza. Nunca es tarde para cambiar, para vencer a la comodidad de la rutina y dar un paso adelante.

Ahora es un buen momento para reorganizar tu vida; piensa en las horas con las que disfrutas y aquellas en las que actúas como un fantasma. Si las segundas son muchas, no continúes así porque seguro que no merece la pena: llegará el día en el que te arrepientas y ese tiempo que aún no ha pasado ya lo habrá hecho. ¿Te atreves a apostar por tu DON? ¿Te concedes una oportunidad?

Marc Soriano
Coach ejecutivo

viernes, 4 de enero de 2019

Los trabajadores son personas y no números en la empresa

Los números forman parte de una forma evidente de la empresa puesto que un negocio que no es rentable no puede mantener a su plantilla intacta. Sin embargo, una cosa es que el factor económico determine la vida de una empresa y otra muy diferente, que los trabajadores sean tratados como meros números y no como personas en un entorno laboral en el que la deshumanización ha llegado a muchos lugares de trabajo.

Observaciones sobre esta cuestión

Aunque los trabajadores tienen más opciones de sentirse un mero número para la empresa en grandes negocios en los que la distancia interpersonal puede ser más fuerte, conviene recordar que también se puede vivir la presión de un mal ambiente laboral en una empresa pequeña.
Los trabajadores se sienten tratados como números cuando no se sienten escuchados por su jefe, cuando creen que su trabajo no se reconoce de una forma objetiva, cuando sus ideas no se tienen en cuenta… Los trabajadores se sienten tratados como números cuando se sienten muy presionados.

El factor humano en la empresa

Vivimos rodeados de máquinas que hacen el trabajo en la empresa más eficiente. El factor humano en la empresa implica recordar que los trabajadores no son máquinas sino personas que también se dejan afectar por las circunstancias externas y por factores personales. Se pierde el humanismo en la empresa cuando se utiliza el miedo al despido para presionar a los trabajadores.
Un trabajador se siente persona cuando siente que forma parte del lugar en el que trabaja y va contento a la oficina. El humanismo se refuerza a través de la formación constante no sólo de los empleados sino también, de los jefes. Todo jefe debería haber hecho en algún momento de su vida, algún curso sobre inteligencia emocional y comunicación interpersonal.

Marc Soriano
Coach ejecutivo

miércoles, 2 de enero de 2019

Como sumergirse en una sesión de coaching con habilidad.

Una sesión de coaching no es simplemente una conversación entre dos personas.


En una sesión de coaching debe existir un profundo respeto mutuo, sin el cual se producen situaciones de desequilibrio poco adecuadas para el propósito común.


Una ausencia de prejuicios hacia el cliente por parte del coach, elemento que facilita presentarse como una “tabula rasa” en la que se puede escribir una nueva y diferente historia.

Unas normas definidas previamente en la asociación, con las que se afianza la relación de confianza recíproca y se delimita un entorno plácido y seguro en el que interactuar de forma productiva.

Un tiempo predefinido para empezar y acabar.

Un intercambio, donde coach y coachee andan de forma conjunta hacia el objetivo.

Un entorno de confidencialidad, que fortalece y protege los aspectos más íntimos en la relación coach-coachee.

Un compromiso mútuo en el proceso, con el que cada parte se identifica y crea consciencia de su responsabilidad.

Un ánimo por parte del coach de comprender lo que el cliente quiere para él.

Una escucha empática por parte del coach, que permite entender las creencias y valores que posee cada coachee. Un objetivo, sin el cual no hay sesión de coaching.

Una creencia por parte del coach de que el cliente posee potencial para alcanzar la meta.

Un aprendizaje que parte del cliente, el cual es significativo para él y para alcanzar el objetivo que se ha propuesto.

Una exploración presente y futura centrada en el “quién”.
Finalmente, entre muchas otras sensaciones que seguro me dejo atrás, debe establecerse un plan de acción para posibilitar el alcance de metas relevantes.

Marc Soriano
Coach ejecutivo

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Razones por las que no se consigue ser jefe

Los especialistas ha identificado 10 causas posibles por las que, aun teniendo capacidades, no se logra el ascenso a jefe.



1.- No tener aspecto de jefe
2.- Ser desorganizado y no saber gestionar bien el tiempo.
3.- Capacidad de negociación más bien escasa, en conversaciones difíciles.
4.- Pertenecer al típico grupo de chismosos o tendencia a crear grupos excluyentes.
5.- No saber establecer prioridades.
6.- Tener una actitud muy rígida que aleja al resto.
7.- No llevarse bien con el propio jefe.
8.- Ser el típico quejica del grupo.
9.- Ser poco colaborador, cumplir con las funciones de trabajo y nada más.
10.- No alcanzar logros significativos.

Escuchar para aprender

¿Sorprendido? Quizás muchos podrán sentirse reconocidos en algún aspecto. Para decidir un ascenso, no se evalúa la carga de trabajo que lleve el candidato o su antigüedad dentro de la empresa, en muchos casos ni siquiera su nivel de preparación.

Ser gerente implica un cúmulo de habilidades muy diferentes a las que desarrolla un empleado que cumple con su tarea y se limita a ello.

Si realmente desea ser ascendido, se debe escuchar los comentarios y consejos de su superior y, sobre todo, repase esta lista. Si está a la altura de cualquiera de estas categorías, uno mismo tiene la respuesta a la falta de fuerza de su candidatura para el cargo.
¿Qué te parecen estas razones? ¿has pasado por esta etapa de selección?

Marc Soriano
Coach ejecutivo

sábado, 15 de diciembre de 2018

“FLUIR” vs “dejarse llevar”

“FLUIR” es vivir de una manera consciente las experiencias, situaciones, y todo aquello que nos ocurre en la VIDA, CONSCIENTES a nivel incluso VITAL, sabiendo quienes somos, de donde partimos, a donde queremos llegar, que tenemos que aprender, e incluso que queremos dejar tras nuestro paso y un “plan de vida”.



Puede que por esto “FLUIR” sea un término utilizado muy frecuentemente y asociado a prácticas espirituales basadas en la esencia del ser, y por lo tanto con muy buena imagen.

“DEJARSE llevar”, es andar por la VIDA con un nivel de CONCIENCIA menor, aceptando las experiencias de la vida, soportando las situaciones que nos ocurren , y permitiendo que la vida nos ARRASTRE, sin encontrarle sentido a las cosas.

A veces enmascaramos o confundimos el “dejarnos llevar” con el “fluir” porque además de SONAR más espiritual y profundo, es una SALIDA para no querer se conscientes de las cosas y las responsabilidades, convirtiéndose en una manera de autoengaño.

Todos tenemos momentos en los que “fluimos” y en los que nos “dejamos llevar”, y es importante el aprender a RECONOCERLOS.

“FLUIR” esta vinculado a momentos de PRESENCIA, enfoque y concentración en lo que hacemos o estamos viviendo, y la mayoría de veces a sensaciones de alegría, felicidad, plenitud y GRANDEZA.

Marc Soriano
Coach ejecutivo