sábado, 15 de julio de 2017

Período vacacional

Estimados seguidores, como cada año por estas fechas llega el momento de realizar un pequeño alto en el camino, recargar energías y aprovechar estos días para seguir estudiando e innovando y poder ofreceros a mi regreso los mejores artículos y contenidos de máxima calidad.


Mi mayor y mejor deseo en estas fechas es desearos que desconecteis si os es posible de las actividades cotidianas y disfruteis de un período vacacional excepcional.

Gracias a todos por vuestro inestimable apoyo y seguimiento a las publicaciones, que sin duda alguna lo hago con todo mi cariño e intentar transmitiros mis conocimientos y experiencias.

Marc Soriano
Coach ejecutivo y Formador

viernes, 14 de julio de 2017

Las excusas

"No es porque las cosas son DIFÍCILES que no nos atrevemos, mas bien las hacemos difíciles cuando no nos ATREVEMOS",

Las EXCUSAS aparecen con mayor facilidad ante las primeras DIFICULTADES.



Especialmente cuando la MENTE esta confusa, y nuestro estado de ÁNIMO descuidado.

CLARIFICAR la mente, descubre muchas veces nuestras excusas, lo que facilita el VALORAR adecuadamente la magnitud de las DIFICULTADES.

Si además las VALORACIONES las hacemos en el estado de ÁNIMO adecuado puede que podamos ENFOCAR mejor NUESTRAS vidas.

El resto será cuestión de VALOR, decisión, CONFIANZA y determinación, que no es poco.

Aunque esos ya serán otros PASOS, primero conozcamos nuestras propias EXCUSAS.

Marc Soriano
Coach ejecutivo, Formador

miércoles, 12 de julio de 2017

Cosas que las personas altamente intuitivas hacen de manera diferente

Decía Steve Jobs que “la intuición es algo muy poderoso, más que el intelecto”. Y no le faltaba razón. De hecho, él mismo demostró, al igual que muchos grandes genios, que la intuición es una potente herramienta, y más en un mundo tan racional como el que vivimos hoy. Incluso el mismo Albert Einstein decía: “La única cosa realmente valiosa es la intuición”.


Básicamente nuestra intuición sirve para mantenernos a salvo, ya que nos ayuda a tomar decisiones teniendo en cuenta nuestras emociones. Es como una especie de radar que nos informa sobre los peligros inminentes o sobre oportunidades latentes, un faro que nos guía a través de la vida.

“Tu tiempo es limitado, de modo que no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto. No quedes atrapado en el dogma, que es vivir como otros piensan que deberías vivir. No dejes que los ruidos de las opiniones de los demás acallen tu propia voz interior. Y, lo que es más importante, ten el coraje para hacer lo que te dicen tu corazón y tu intuición”.

Sin embargo, aunque todos tenemos esta capacidad innata para tomar decisiones basadas en la intuición, no todo el mundo sabe conectar con su voz interior de la misma forma. No en vano, las personas que tienden a escuchar a su corazón cuando se enfrentan a una decisión difícil, es muy probable que actúen de manera diferente.

Ser fiel a uno mismo siguiendo el propio instinto

La intuición juega un papel importante en nuestra vida cotidiana. Muchas de las decisiones que tomamos son fruto de nuestra intuición más que de nuestra reflexión lógica. Simplemente, nos dejamos llevar por nuestro instinto, la mayoría de las veces sin darle demasiada importancia. También en muchas ocasiones compaginamos las dos fuentes de información en una misma decisión: una parte de intuición y otra parte de razonamiento.

Sin embargo, cuando tenemos que tomar decisiones importantes, especialmente cuando esas decisiones contravienen los preceptos sociales y culturales establecidos, nos vemos obligados a decidir hacer caso a nuestra intuición. Las personas altamente intuitivas deciden ser fieles a sí mismas y siguen su instinto, y eso marca una clara diferencia en todo lo que viene después.

¿Toman mejores decisiones las personas altamente intuitivas? ¿Tienen más éxito por seguir a su instinto? Lo cierto es que esa pregunta no tiene una única respuesta, puesto que seguir al instinto no implica estar en posesión de la verdad absoluta.

Lo que ocurre es que seguir los propios instintos asegura una mayor sensación de control, no de las circunstancias, sino de uno mismo. Al fin y al cabo, hacer lo que se supone correcto tampoco garantiza nada. La diferencia es que el que decide seguir su intuición se sabe dueño de su destino, dueño de sus decisiones.

¿Qué hacen las personas altamente intuitivas de manera diferente?

En realidad, la mayoría admiramos a las personas altamente intuitivas. Admiramos la libertad con la que viven su vida, la seguridad con la que se conducen y los efectos que todo esto tiene en ellos. Entonces, si todos tenemos intuición, ¿por qué no la seguimos?

¿Tenemos miedo? ¿No confiamos suficientemente en nosotros mismos como para dejarnos llevar por nuestra voz interior? ¿Estamos tan alienados que no somos capaces de hacer lo que nosotros consideramos que debemos hacer?

¿Cómo empezar a confiar más en nuestro instinto? ¿Cómo hacerlo florecer? Empecemos por observar y analizar qué hacen estas personas altamente intuitivas. Aplicando su forma de actuar podremos empezar a encontrar ese yo interno aprisionado y a darle voz para que nos guíe por nuestro propio camino.

Las personas altamente intuitivas escuchan a su yo más elevado

Las personas altamente intuitivas no ignoran sus instintos, sino que los escuchan hasta el punto de usarlos como principal fuente para tomar una decisión. Muchos son escépticos ante esta forma de actuar, pero las personas que sienten con fuerza esa voz interior saben que no pueden ir contra ella y no luchan para callarla.

La gran diferencia es que a las personas altamente intuitivas no les importa si los demás piensan que sus voces interiores parecer una locura. Ellas la escuchan de todos modos, tanto si se trata de algo simple como si conlleva ir contra todo. En algunos casos, esto puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.

Resulta curioso es que la mayoría de la gente tenga alguna experiencia en la que seguir su intuición le ayudó con algo. Puede que sean cosas menores, o sin importancia, puede que simplemente fuera una ráfaga que simplemente le salvó (a él o a otro) de algo importante o le supuso una gran oportunidad.

Las personas altamente intuitivas necesitan pasar tiempo a solas

Para conseguir escuchar esa voz interior, las personas altamente intuitivas necesitan tranquilidad, estar a solas. Solo así pueden cultivar la energía interior, solo así pueden escucharse. Es por eso que estas personas suelen ser bastante introvertidas.

En esta necesidad de estar a solas, de escucharse y sentir su energía interior se debe a que necesitan sintonizar con sus sentimientos internos y perspectivas sobre sí mismos. A través de la meditación y/o la práctica espiritual, estas personas consiguen aplacar el ruido del mundo exterior para prestar atención a su conocimiento interior.

De ese modo, las personas altamente intuitivas tienden a tener menos niebla mental, porque han aprendido a sentarse en silencio con su propia compañía, a sentirse cómodas con ellas mismas.

Las personas altamente intuitivas tienen en cuenta todo lo que hay a su alrededor

Un rasgo común de las personas altamente intuitivas es que prestan atención a su entorno y empatizan con los demás. Del mismo modo que presta mucha atención a su mundo interior, las personas altamente intuitivas miran al mundo exterior con el corazón y con los ojos abiertos. Así, pueden conectarse profundamente con los demás, ya que primero han aprendido a hacerlo dentro de sí mismos.

De hecho, las personas altamente intuitivas tienen una habilidad especial para comprender cómo se sienten los demás. También tienen una gran capacidad para saber lo que quieren decir sin que ellos tengan que decir una palabra, lo que les ayuda a entender mejor a cada persona de manera individual.

Las personas altamente intuitivas destacan por su creatividad

Si observamos con detenimiento podemos ver que, a lo largo de la historia, muchos grandes genios del arte, pero también de la política y de la ciencia, personas que han revolucionado la forma de hacer las cosas, han destacado por ser personas altamente intuitivas. Su creatividad, inspirada por su instinto, les ha guiado para hacer las cosas de otra manera, para hacer preguntas diferentes, para plantear alternativas sorprendentes.

Esa creatividad alimentada por la intuición hace a las personas altamente creativas sentirse vivas, sentirse libres, sentirse útiles. En este sentido, estas personas saben que alimentar la creatividad interna permite que la fuerza vital fluya a través de cada uno, alimentando a su vez el propio instinto.

“Es tu intuición la que habla, y la intuición suele tener razón. La mente intuitiva es un don sagrado y la mente racional, un fiel servidor. Hemos creado una sociedad que honra al servidor y olvida el don… Raros son los que ven con sus propios ojos y experimentan con su propia sensibilidad”.

Las personas altamente intuitivas conectan con las sensaciones de su estómago

Los científicos han descubierto que nuestro intestino es un segundo cerebro debido a la gran cantidad de neuronas que recubren las paredes intestinales. Pero las personas altamente intuitivas saben y han comprobado por sí mismas que su estómago es una gran fuente de sabiduría, más bien, de intuición. La mayoría también lo hemos experimentado, aunque tal vez no lo hayamos sabido escuchar o hayamos preferido ignorar las señales.

Para los más escépticos, cabe destacar que algunos expertos creen que nuestros instintos son más eficaces y eficientes que el análisis lógico en nuestro proceso de toma de decisiones, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Boston, la Universidad de Rice y la Universidad George Mason.

En realidad, a las personas intuitivas no les importa lo rápido que se mueva el mundo o lo que piensen o esperen los demás de ellos, ya que siempre van a tener tiempo para escuchar a su guía interior.

Vivimos en un mundo que valora la lógica mental, no el razonamiento emocional

Ser una persona altamente intuitiva no es fácil, sobre todo cuando tu instinto desafía las normas, la lógica y “lo lógico”. A veces a pequeña escala, otras a lo grande. No importa. De alguna manera, confiar en la intuición y vivir en consecuencia es navegar contracorriente.

Hacer las cosas como es debido es algo que hemos oído desde pequeños. Pero, ¿quién tiene la certeza absoluta de que las cosas deben ser de una determinada manera? ¿No es acaso ese “hacer las cosas como deben hacerse” el responsable de la miseria colectiva en la que nos vemos atrapados?

Puedes hacer las cosas de manera lógica o seguir tu intuición. Y a ti, ¿qué te dice tu instinto que debes hacer?

Marc Soriano
Coach ejecutivo, Formador.

lunes, 10 de julio de 2017

El mejor acto para el corazón es ayudar a otros a levantarse.

Ayudar alivia y recompensa. A pesar de que más de uno diga aquello de que en ocasiones, tender la mano desde el corazón trae más de dos desilusiones, sólo las personas nobles y auténticas entienden que no podrían hacer las cosas de otra forma.


Ayudar a otros a levantarse no es fácil. En ocasiones, requiere en primer lugar que la persona tome conciencia de que necesita ser ayudada, y que agarrarse a una mano amiga no es sinónimo de debilidad. Sino de fortaleza. En segundo lugar, implica invertir esfuerzos, tiempo y emociones. No obstante, esas, son cargas que no pesan demasiado.

La propia vida debería ser siempre un encuentro natural para el amor y el respeto, ahí donde la empatía universal fuera esa fuerza implícita en nuestro corazón, que nos permitiese tener la bondad como máxima expresión.

Sabemos que no es fácil, y que en ocasiones, nos llenamos de frases grandilocuentes que a todos nos gusta compartir en nuestras redes sociales pero que al final, algunos olvidan. Porque muchos ni siquiera llegan a ver esas necesidades más cercanas.

En ocasiones, es nuestra propia familia o nuestros propios amigos quienes necesitan ese apoyo con el cual poder levantarse. Alguien que esté pasando una depresión necesita comprensión, apoyo y cercanía.

Puede que alguno de nuestros hijos adolescentes estén pasando un duro instante vital, con acoso en el colegio, o viva ahora su primera decepción emocional. Algo que nosotros no percibimos porque no tenemos tiempo, porque tenemos nuestras miradas puestas en otros aspectos.

El corazón necesita ojos para ver y libertad interior para sentir. Hemos de desvestirnos de superficialidades para atender lo esencial, para que esa bondad que es natural en el ser humano, nos permita dar ayuda a quien lo necesita.
Aprender a escuchar desde el corazón
Puede que tu mejor amigo/a te hable con un rostro pintado de sonrisas, que sus palabras suenen alegres. Sin embargo, te basta con atender su mirada para intuir esa lágrima que está apunto de desbordarse.

El corazón que sabe escuchar es sabio y está libre de egoísmos, ajeno a ese universo cerrado y entrópico que sólo se alimenta de necesidades propias. La bondad sabe intuir y sabe leer entrelineas.

Intuir las emociones ajenas es un don instalado en nuestro cerebro social a través de las neuronas espejo y la empatía. Todos venimos a este mundo sabiendo reconocer emociones tan básicas como la tristeza, la rabia, el amor o el miedo.

Sin embargo, en ocasiones, ya sea por influencias sociales, educativas o de personalidad, hay quien concentra todas sus intuiciones hacia uno mismo. En lo que “yo siento”, lo que “yo necesito” y lo que “yo quiero”. Es, mediante estos tres ejes como empieza entonces a estructurar su vida.

Para vivir desde el corazón no hace falta ser ingenuo como muchos creen. Ser sensible no es ser débil, y querer ayudar a otros a levantarse no es dejar que nos tomen el pelo. En absoluto. Los que construyen su vida desde el corazón tienen muy claros los siguientes aspectos.

Marc Soriano
Coach ejecutivo, Formador

viernes, 7 de julio de 2017

Nuestro público: nosotros mismos

El modelo mental basado en agradar a los demás y de “gustar”, por encima de todas las cosas, y de nuestro propio criterio, nos lleva inexorablemente a no ser respetados, y esto funciona igual, tanto en el ámbito privado como en el profesional. Esto no implica que no debamos aceptar la crítica de los demás, incluso aunque nos la formulen desde la malquerencia, y así lo decía eruditamente Unamuno: “Toma consejo del enemigo”. Quizá el límite a esto, sea nunca ceder a nuestro criterio, alterando nuestra conducta y nuestro “hacer” por causa de juicios ligeros y críticas sistemáticas, provenientes del ambiente. Nuestro público somos nosotros mismos.


Seguramente, siendo niños hayamos escuchado alguna vez el cuento protagonizado por un anciano padre y su hijo. Ambos viajaban con un burro atravesando diversos pueblos, motivando muy distintos comentarios entre los paisanos:

Nos contaban que, al pasar por el primer pueblo, el padre montaba sobre el burro y el hijo caminaba a su lado. Los comentarios del público no se hicieron esperar: “¡Qué padre tan inmisericorde! ¡El pobre niño caminando y él encima del pollino, como si fuera un emperador!”

Al escuchar las malas lenguas, decidieron cambiarse antes de llegar al siguiente pueblo, de forma que ahora el padre caminaba y el hijo era quien montaba el asno. Pero, sin embargo, las críticas, ahora de otro público, no cesaron, únicamente cambiaron de signo: “¡Mira qué juventud tenemos hoy en día! ¡El anciano padre caminando, y el muchacho tan ágil, sentado a lomos de la bestia!”

Visto lo visto, pensaron que lo mejor sería montar los dos sobre el asno al pasar por el tercero de los pueblos. Pero las cosas así, no hicieron más que empeorar, y el tercer público decía: “¡Pobre burro! ¡Los que van montados en él demuestran ser más bestias que el desdichado animal!”

Finalmente el cuento terminaba con ambos, padre e hijo, aturdidos por tanta crítica, y tomando la última decisión: decidieron entrar al cuarto pueblo, ambos a pie, junto al burro. Pero, ni por esas cesaron las críticas…, y otra vez el público: “Pero, ¡qué tontos! ¿Para eso se han comprado un burro?, ¿para ir andando?”.

No son pocas las personas cuya principal fuente de insatisfacción y malestar radica en su necesidad de satisfacer al otro, a un público, real o imaginario, al que es imposible satisfacer. En resumidas cuentas se trata de un trastorno afectivo cuya principal característica es la necesidad constante de agradar.

Detrás de esta necesidad, a veces muy latente, subyace un miedo aterrador al rechazo, al abandono, o una imperiosa necesidad de sentirse aceptado, integrado o respaldado, y si bien, en muchos casos no puede hablarse de una patología clínica, con el tiempo si acaban produciendo desajustes y sufrimiento.

Carmen García Ribas, profesora de la Escuela Superior de Comercio Internacional, en su libro: “El síndrome de Maripili”, dice que esta actitud es más frecuente en las mujeres debido a cuestiones culturales, y afirma: “Las mujeres hemos confundido la identidad con la aceptación. Sólo nos permitimos SER cuando otro nos acepta. De ahí que las actitudes de las mujeres sean ejecutivas; es decir, nos disponemos a hacer bien, o muy bien, aquello que se nos encarga. Nuestra necesidad de complacer, de evitar el rechazo, nos lleva a realizar cuidadosamente aquello que otros nos piden. No está mal, si no fuera porque esta actitud mantenida a lo largo de toda nuestra vida profesional nos impide progresar en nuestra carrera”

Es de tener en cuenta que aquellos que ceden a su criterio a cambio de sentirse queridos, obtienen, insalvable y fatalmente, una doble frustración: en primer lugar no ejercitando su criterio hipotecan su felicidad; y en un segundo momento, la ansiada compensación de obtener la aprobación de los demás no se produce, ya que el objetivo de muchas críticas es la crítica en sí, e independiente de lo que se haga, siempre se produce.

Dionisio Contreras Casado Educador Social. Experto en Drogodependencias. Formador de Inteligencia Emocional.

Marc Soriano
Coach Ejecutivo, Formador