miércoles, 21 de junio de 2017

¿Enfrentas o afrontas los problemas?

Nos tropezamos con situaciones negativas casi todos los días, situaciones que sacan lo peor de nosotros. Debido a ellas reñimos, gritamos, nos rebelamos, actuamos sin pensar. En definitiva, perdemos el control. Sin embargo, cuando se dan las circunstancias adecuadas, esas mismas dificultades y problemas, ante los que reaccionamos de manera tan poco adecuada, pasamos a verlos desde una perspectiva que nos genera más calma, sobre la que podemos respirar.


Estas dos formas de reaccionar ante las dificultades no son solo producto de las circunstancias, sino que tienen su precipitante en una decisión interna, en ocasiones inconsciente, que hacemos. Sin saberlo escogemos enfrentar y, otras veces, afrontar las adversidades. Dos opciones que condicionarán, a falta de otras variables como el azar, nuestro éxito o nuestro fracaso en la solución de esas dificultades.

Tanto si enfrentas como si afrontas las adversidades, ambas elecciones supondrán su éxito o no.

Enfrentar los problemas supone un desgaste emocional importante

Enfrentar los problemas aumenta el riesgo de perder el control, de dejarnos llevar por lo primero que sentimos, sin buscar la calma o una perspectiva diferente. Nuestras emociones toman el mando y nos dejamos llevar. Sin embargo, esta especie de liberalismo emocional suele ir acompañado de una consecuencia: arrepentimiento por lo que hemos hecho o dicho sin pensar.

Sin darnos cuenta, nos encontramos en medio de riñas y disputas sin sentido que tan solo nos aportan un desgaste emocional muy grande, a veces, incluso físico. De hecho, cuando logramos ver con el tiempo esta situación desde otra perspectiva, nos percatamos de que hemos hecho verdaderas montañas de simples granos de arena.


¿Alguna vez has reaccionado de manera impulsiva ante algo y te has olvidado de lo que has dicho? Cuando esto ocurre, significa que has dado rienda suelta a ese primer instinto de protección. Aunque, si lo piensas de manera fría, no es que estuvieses realmente en peligro. A veces, tu impulso sale en defensa de tu propio ego.

Enfrentar los problemas provocará que pierdas el control y, al mismo tiempo, alejes la posibilidad de encontrar una solución que te satisfaga.

Enfrentar eso que se te viene encima como una amenaza o un enemigo, en vez de como un desafío, te vuelve intolerante, te bloquea, evita que pienses con claridad y en muchas ocasiones te deja dando vueltas alrededor del arrepentimiento. Sin embargo, hay otra opción que requiere de práctica, que a veces supone un gran esfuerzo, pero que vale la pena. ¿Qué tal si cambiamos enfrentar por afrontar?

Afrontar las dificultades te permite crecer

Enfrentar las dificultades no te hace más fuerte: liberas una gran cantidad de energía sin dirigirla con inteligencia. Te dejas llevar por tus instintos más primarios sin control alguno, lo que te impide gestionar la situación de la forma más adecuada. Sin embargo, cuando afrontas creces, te vuelves más fuerte, más maduro. Así, estás en condiciones de abordar toda dificultad con mayor eficacia.

Cuando una adversidad se planta enfrente de ti sabes pararte a respirar para ver las cosas más claras y tomar la mejor de las decisiones. Sabes que puedes tomarte tu tiempo, ¡no es indispensable reaccionar o dar una respuesta ya! Así, precipitar la respuesta, cuando la situación no lo demanda, puede ser el primer error, el primer motivo por el que después te tires de los pelos.

Eres consciente de que cuando estás tranquilo y relajado, aunque a tu alrededor exista un verdadero caos, piensas de manera inteligente. Con este aliento, con el aliento que tú no te permites perder, la solución a la situación está más cerca.


Además, afrontar los problemas impide que hieras a los demás de forma innecesaria. Al expresarte de manera clara, cordial y respetuosa tu punto de vista quedará más claro y las críticas que hagas a otros no serán tomados de manera personal.

Solo los que han afrontado las adversidades conocen su propia fuerza.

Como has podido ver, enfrentar o afrontar los problemas son dos cosas completamente distintas. Con una pierdes el control, no eres capaz de gestionar tus emociones y los remordimientos terminarán cerniéndose sobre ti. En cambio, con la otra ganarás en asertividad, sabrás solucionar las dificultades de manera eficaz y las tomarás como una oportunidad para crecer, madurar y aprender.

Las adversidades siempre encierran una oportunidad: nos permiten aprender. No son una desgracia, no nos convierten en víctimas. Pensar así hará que las enfrentemos, no que las afrontemos. No es lo mismo intentar derribarlas que superarlas, integrarlas en nuestra historia y quedarnos con el aprendizaje que nos brindan.

Marc Soriano
Coach Ejecutivo

viernes, 16 de junio de 2017

¿De verdad valoramos más lo que logramos con dificultad?

A pesar de lo que muchos piensan, la dificultad ejerce una suerte de fascinación sobre los seres humanos. En los obstáculos hay una prohibición implícita, que ejerce atracción en las personas. De una u otra manera, nunca dejamos de ser unos niños que quieren hacer su voluntad. Y siempre resulta satisfactorio, en alguna medida, imponerse a las circunstancias.



Sobrepasar una dificultad ofrece una satisfacción narcisista. Si no logramos vencerla, aparece una frustración, que no siempre implica una renuncia. A veces supone todo lo contrario: una obsesión. Tendemos a idealizar aquello que se nos niega, o se nos prohíbe. Lo vemos como fuente de una posible satisfacción desconocida, que queremos probar.

“Toda dificultad eludida se convertirá más tarde en un fantasma que perturbará nuestro reposo”

La atracción por la dificultad puede jugar a favor o en contra nuestra. Si es razonable y moderada, resulta ser la fuente de grandes logros, a partir de la autoexigencia. Si, en cambio, se vuelve desmedida, nos mantiene en el capricho y la frustración. Querer solo lo imposible puede convertirse en una forma de vivir.

Un experimento de dificultad con los bebés

Hace algunos años se realizó un experimento sobre la dificultad con un grupo de bebés. Se tomó a esta población, pues los investigadores querían examinar la relación que tiene el ser humano con los obstáculos, incluso antes de que operen la cultura y la educación.

El experimento consistía en poner un conjunto de robots que emitían luces y sonidos. Todos ellos, excepto uno, estaban al alcance de los chicos. El que no lo estaba era exactamente igual a los demás, pero había un panel de acrílico transparente, que impedía acceder a él.

La reacción de los bebés fue sorprendente. Casi todos ellos se encaminaron hacia el robot que no podían tocar. Comenzaban a batallar contra el panel para poder tomarlo. Se repitió el experimento con una valla más alta y el resultado fue aún más contundente.

Los obstáculos y el deseo

Es indudable que la dificultad alienta el deseo. Los seres humanos jamás renunciamos del todo a alcanzar los imposibles. Si no fuera así, ni la ciencia, ni el arte, ni la tecnología hubieran avanzado. Todos esos adelantos son fruto de una encarnizada lucha contra lo imposible.

Lo malo es que esta característica del ser humano también se ha convertido en objeto de manipulación. ¿Por qué una persona valora más, por ejemplo, un teléfono móvil que es más costoso? La mayoría ni siquiera está segura de que realmente tiene un atributo mejor que los demás. Pero el alto costo, o sea la dificultad de comprarlo, lo hace más apetecible.

Pasa también con las grandes estrellas de cine. Muchas veces no son más atractivos, ni más inteligentes, ni mejores que cualquier persona no famosa. Pero para muchos se convierten en una verdadera obsesión. Son capaces de meterse en una multitud y luchar a brazo partido por conseguir un autógrafo de ellos. Y los “aman”.

El facilismo y la dificultad

Lo curioso de todo esto es que también vivimos en un mundo que quiere hacer todo más fácil cada vez. Hay infinidad de inventos y aparatos cuya principal función es hacer más cómoda y fácil la vida de todos. De hecho, el mundo de hoy nos ha vuelto un poco haraganes. ¿Para qué levantarte de la silla, si puedes cambiar de canal con solo oprimir el control remoto? ¿Para qué ir a comprar la leche, si la puedes pedir a domicilio y por Internet?

Si te fijas, las facilidades que ha impuesto la sociedad moderna están orientadas principalmente a hacer más sencillo el consumo de algo. La dificultad y, por tanto, el deseo, actualmente se orientan hacia unos objetos muy específicos. El deseo de “lo último” o “lo más novedoso”, por ejemplo. Siempre es más inaccesible, aunque no necesariamente mejor. O el deseo de prestigio y aceptación, que ahora se mide por “likes” o número de seguidores.

Definitivamente, sí valoramos más aquello que conseguimos con dificultad. Desde cierto punto de vista, esto es grandioso. Significa que tenemos espíritu de lucha y un gran interés por conquistar nuevos territorios. Lo malo es que lo prohibido, o limitado, actualmente no es fruto espontáneo de la existencia como tal. Como en el caso del experimento con los bebés, buena parte de nuestro deseo está manipulado desde fuera por la publicidad.

Marc Soriano
Coach Ejecutivo

jueves, 15 de junio de 2017

Cuando la soledad es un cerco que no logras romper

Sobre la soledad cada uno tiene su propia opinión, una opinión que también puede variar en función del momento en el que se realice la consulta. Hay quienes la exaltan y admiten que es una realidad que tarde o temprano, y en distintas circunstancias, todos tenemos que afrontar. Otros la temen y hacen lo que sea necesario para evitarla. También son muchos quienes aprenden a equilibrar: no se sienten mal cuando están solos, pero saben acompañar y dejarse acompañar.


Este artículo está dedicado a esas personas que se sienten irremediablemente solas y sufren por ello. Se trata de esos casos en los que la soledad se convirtió en una auténtica prisión, por invisible que esta sea a los ojos de los demás. La vida les ha llevado a un punto en el que no hay amigos, no hay familia, solo vínculos funcionales y ocasionales. Sin embargo, si eres tú y te has situado en esta posición es probable que no sepas qué hacer para encontrar personas de las que te sientas cómplice y en las que puedas confiar.

“Poned atención: un corazón solitario no es un corazón”

Desgraciadamente el caso que describimos no es excepcional. Por el contrario, hay una verdadera epidemia de soledad recorriendo el mundo. Tiende a crecer. Tanto han abogado muchos por el individualismo que al final hemos construido una realidad en donde el aislamiento personal es cada vez más la norma. Son millones y millones las personas en el mundo que se sienten crónicamente solas. Es una condición que no respeta edad, nacionalidad o condición social.

La soledad crónica, un dolor sordo

No se sabe a qué hora exactamente comenzó a imprimirse la idea de que la “independencia” absoluta era un bien deseable. Te repiten que no debes depender de nadie. Mejor si logras resolver por ti mismo cualquier dificultad que tengas. Ideal que vivas solo, cultives tu propio huerto, tengas tu propio negocio y no necesites de nadie. De hecho, mucha intimidad o cercanía comenzaron a verse como una amenaza, a confundirse con la dependencia. A huir de esta palabra, de nuestra naturaleza, porque en el fondo de alguna manera todos somos dependientes.

El resultado es este mundo que tenemos hoy, en el que ya comenzó a venderse la compañía. Hay varios sitios en diferentes países que te ofrecen servicios de acompañamiento, no solo sexual, sino también personal. Hoy en día puedes alquilar los servicios de alguien que vaya a conversar contigo un rato, o salga contigo al cine. Si existe la oferta es porque hay demanda. Y si hay demanda es porque hay una carencia que antes se contrarrestaba de manera natural.

Los efectos de la soledad no siempre son tan perceptibles. Sí o sí deja una huella en la mente y en el cuerpo, pero a veces esa marca no se muestra inmediatamente. Uno de esos efectos, bastante peligroso, son los cambios que van dando en el cerebro. Cuando pasas solo mucho tiempo, sin que te des cuenta, comienzas a ver los rostros de las demás personas como una amenaza.

Esto es realmente trágico. Significa que cuanto más solo estés, más solo tiendes a estar. Y ni siquiera es porque lo elijas, sino porque tu propia fisiología y anatomía se van a alterar. Es ahí cuando el cerco se cierra. Es entonces cuando comienzas a tener el riesgo de enfermar física y/o mentalmente.

Romper el cerco de la soledad

Como dije anteriormente, lo grave es que quien está solo y permanece así por un buen tiempo, después encuentra resistencias internas para salir de su soledad. No son razones en el sentido estricto de la palabra. Más bien se trata de pretextos. “Ya no hay gente que valga la pena”, dicen. O “Al final, todos morimos solos”, agregan. De lo que no hablan es de esos momentos en donde los invade el temor, o en donde la tristeza les gana la partida. De algún modo, se han resignado a lo que aceptaron pero no intentaron cambiar.

La soledad crónica enferma. Son muchos los estudios que así lo establecen. Se sabe que el sistema inmunológico se inflama y se resiente. Hay una correlación clara entre soledad y muerte temprana. En general, las personas solas son más enfermizas y frágiles.

La soledad no se supera con más contactos en las redes sociales. Incluso muchas personas no viven solas, pero se sienten solas. El aspecto más relevante aquí no es tanto la cantidad de gente con la que entres en contacto, sino la calidad de los vínculos que estableces. Aprender a ser buenos amigos y a hacer buenos amigos es un acto de supervivencia y de amor propio. Toda relación humana debe tener un componente de amistad sincera, aunque proporcionalmente sea más elevado en unas relaciones que en otras.

El ser humano es un animal social. La soledad crónica va en contra de la naturaleza y no es fruto ni de la necesidad, ni del deseo genuino. Si te sientes solo, si no logras hacer lazo con los demás, algo está fallando. El problema puede estar en la forma como te educaron, o en alguna dificultad subjetiva que no has logrado resolver. Quizás simplemente se debe a que no has desarrollado habilidades sociales y no sabes por dónde empezar. Sea cual sea el caso, lo claro es esto: si tu soledad es crónica, eres alguien que necesita ayuda. Búscala, no hay vergüenza en ello.

Marc Soriano
Coach Ejecutivo

miércoles, 14 de junio de 2017

5 tipos de personalidades que te encaminarán al éxito.

Identifica en tu forma de ser cuál es la capacidad de influencia que más te caracteriza y mira cómo puede complementar con las otras para trabajar en un futuro próspero.




Todo emprendedor debe saber qué tan importante es la capacidad de influencia que tiene sobre los demás y para alterar su forma de pensar o de actuar por lo que es muy probable que se pueda adaptar a cualquier circunstancia cuando la tenga enfrente.

Además, cuando uno se da cuenta de su capacidad y la explota, los resultados serán beneficiosos para su auto desarrollo personal. La clave está en reconocer cuál es el tipo de influencia que más te puede funcionar y con el que te sientes más cómodo para tener éxito en el futuro.

Así que te ofrecemos la clasificación de influencias:

1. Ser asertivo

Muy poca gente es asertiva en lo que hace, porque no tienen conductas que permitan defender sus derechos sin necesidad de agredir o sobrepasarse con los demás. Para los líderes este tipo de influencia es muy útil para encontrar la solución en un momento de crisis. Una persona asertiva se caracteriza por insistir en que sus ideas sean escuchadas.

2. Ser racional

Ellos son quienes argumentan por todo, creen en lo demostrable en el por qué de una cosa o la otra y así mismo para convencer a los demás de sus ideas ofrecen razonamientos lógicos y datos. Las personas con esta influencia se identifican con el mundo científico, les gusta estar al tanto de las noticias y los diferentes estudios.

3. Saber conectar

Es aquella persona que escucha activamente y comprende casi siempre la posición del otro, razón por la cual ofrece soluciones encaminadas al beneficio mútuo. Son personas sociables a las que se les facilita empatizar con los demás, son colaborativas y a la hora de requerirlas para manejar temas complejos son abiertos a los diferentes puntos de vista.

4. Ser negociador

Son personas competitivas que buscan sacarle la mayor ventaja a todo, muy comprometidas y que hacen concesiones todo el tiempo para alcanzar acuerdos que satisfagan su interés principal. Son abiertos al diálogo, buscan una respuesta clara y útil en medio de una divergencia de diferentes puntos de vista.

5. Ser inspirador

Son las personas esperanzadoras, que defienden su posición y animan al resto para encontrar un propósito en común. El positivismo es lo que los guía y quienes tienen este tipo de influencia, por lo general, tocan emociones y funcionan cuando hay intereses compartidos.


Marc Soriano
Coach Ejecutivo.

martes, 13 de junio de 2017

Críticas destructivas: un problema del que las hace, no del que las recibe.

Sucede que a veces se critica y se juzga sin ningún tipo de intención constructiva. Por alguna razón, siempre hay personas que proyectan su negatividad y sus inseguridades juzgando lo que otros hacen o dejan de hacer, dicen o dejan de decir a través de las críticas… Personas que se dedican a transmitir y difundir lo que a su juicio son defectos y malos ejemplos de conducta.


En mayor o menor medida, todos alguna vez hemos sido víctimas y productores de juicios y críticas destructivas. De hecho, la práctica y la afición de criticar ha llegado a tal magnitud que actualmente proliferan programas de televisión y radio que se basan únicamente en eso: intentar dañar a las personas criticándolas y juzgándolas. Hoy en día, estos programas cada vez son más y tienen niveles de audiencia muy altos. ¿Qué está pasando? ¿Por qué criticamos de esta manera?

Comprender el mecanismo de la crítica nos puede ayudar a tomar conciencia de cómo funciona este patrón de conducta. Es por eso que a continuación se exponen algunas de las principales razones por las que las personas recurrimos a agredir y hacer daño a los demás mediante juicios y críticas no constructivas.

“Todo, absolutamente todo es criticable. Sólo es cuestión de echarle imaginación”.

1. Los sentimientos de inferioridad

Los sentimientos de inferioridad pueden ser una motivación para criticar a los demás. Otras veces esta motivación la constituyen los sentimientos de superioridad. En este sentido, para muchas personas el sentimiento de superioridad solo es un disfraz para su sentimiento de inferioridad, un lugar en el que no se sienten tan inseguras.

Así, intentan satisfacer la necesidad de sentirse poderosos y superiores sin reparar en medios, aunque sea pasando por encima de alguien y dañando su imagen mediante la crítica.

“Cuando a las gentes les faltan músculos en los brazos, les sobran en la lengua”

2. La insatisfacción con uno mismo

Criticamos a otros para que nuestros propios defectos se minimicen ante los demás y ante nosotros mismos. Cuando criticamos a otros nos autoengañamos con el espejismo de que el problema está en las otras personas y no en nosotros. Cuando criticamos queremos convencernos de que los demás también tienen errores y que son más grandes que los propios para no sentirnos tan mal.

Así, al criticar muchas veces realizamos reflejos de lo que nos molesta de nosotros mismos. Proyectamos nuestros miedos e inseguridades. De hecho, cuando no aceptamos algunas de nuestras características y las reconocemos en los demás, éstas generan un gran rechazo y activan la crítica. Este fenómeno tiene un nombre y se conoce como “yo repudiado”.

Las personas celosas y envidiosas son grandes generadoras de críticas. El sentirse inferiores a alguien activan un mecanismo de defensa que consiste en rebajar las cualidades de la otra persona a través de la crítica. En estos casos es frecuente que se magnifiquen los defectos que se ven o se inventan en la otra persona.

“Estas personas no acostumbran a realizar auto-críticas, sus energías se dirigen a enjuiciar a los demás. En este sentido alejan la mirada de sí mismos porque temen lo que pueden llegar a ver si miran”.

3. La necesidad de integrarnos en comunidad

Las relaciones sociales que tienen algunas personas se basan en criticar a los demás. Los estudios nos dicen que para afianzar nuestra pertenencia a un grupo muchas veces tendemos a criticar a las personas de grupos diferentes. Así, la crítica, en este sentido, actúa como un reforzador de ese sentimiento de pertenencia frente a uno mismo y muchas veces también frente al resto de componentes del grupo (endogrupo).

La crítica en este sentido estará muy mediatizada por la actitud del grupo frente a ella. Si esta es reforzada, lo más probable es que aumenten en intensidad y frecuencia. Por el contrario, si es rechazada, la persona que busca reforzar su sentimiento de pertenencia intentará buscar otros caminos.

Finalmente, cuando pensamos que somos expertos en alguna materia, podemos llegar a criticar a los demás para demostrar lo que sabemos y reafirmarnos en nuestra posición. Esto obedece a una falta de autoestima y un deseo de admiración no resuelto o mal resuelto, en cualquier caso, insatisfecho.

4. Venganza y cobardía

Una de las razones que pueden llevar a que alguien critique a otra persona puede ser los deseos de venganza. Puede haber situaciones que no se asimilaron del todo y que quedaron sin resolver o sin perdonar. En estos casos se utiliza la crítica como herramienta de humillación y venganza. Cuando no hemos tenido el valor suficiente para decirle a la cara a una persona algo que nos ha herido recurrimos a la crítica para encubrir nuestra frustración, enfado o insatisfacción.

“La crítica es, en realidad, un lugar donde ponemos nuestro enfado. ¿Entonces, qué hacemos? Nos ponemos a criticar, que es mejor que sentarse a mirar nuestra propia rabia”.

La crítica como venganza tiene mucho que ver con la venganza como manipulación. A veces se critica con la perversa intención de poner a alguien en contra de la persona criticada, para apartarla del grupo, aislarla…

5. Narcisismo y egocentrismo

Cuando nos sentimos con derecho a un trato o condición especial y creemos que no lo estamos recibiendo podemos sentir que nos deben algo. A veces, por un sentimiento narcisista, nos apuntamos a la idea de que los demás se deben poner a nuestro servicio. Cuando sentimos que esto no está siendo así, podemos usar la crítica para quejarnos, empequeñecer y hacer sentir mal al otro.

“En lugar de criticar a los demás, elógialos. Verás como en un mes notarás un gigante cambio en ti”.

Actitud ante las críticas

Es incuestionable que las críticas, sean cuales sean sus formas y vengan de quien vengan son inevitables. En este sentido, tal y como explica Stamateas, se aplica la “ley de los tres tercios“. Hay un tercio de gente que nos ama, otro de personas que nos odian y otro tercio son las personas que no nos conocen pero igualmente opinan de nosotros.

Sin embargo, no hay que desestimar el poder negativo y destructor que pueden llegar a tener algunas críticas. Winston Churchill comparó la crítica con el dolor que podemos llegar a sentir a nivel físico. Y un estudio reciente ha desvelado que las experiencias de rechazo, las críticas y la humillación son procesadas por la misma zona del cerebro que se encarga de procesar el dolor.

“Con las piedras que con duro intento los críticos te lanzan, bien puedes hacerte un monumento”.

Mejor lejos…

Para gestionar y convivir con esta tóxica epidemia social de críticas destructivas hay que tener clara la pauta más importante: alejarse o protegerse de las personas contaminantes. Estas personas son seres negativos que tienen como patrón el dedicarse a envenenar a los demás, lo que comúnmente se llama “malmeter”.

Lo más sensato es mantener las distancias y más aún cuando nos intentan hacer “cómplices” de las críticas. No olvidemos que la interacción con este tipo de personas, además de ser pobre, puede dañar nuestra salud emocional y social.

En definitiva, la clave está en no dejarse contaminar y en no tomarse personalmente ni dejarse afectar por las críticas cuando el blanco de las mismas seamos nosotros. Recordemos que la crítica habla más del que crítica que del criticado y que es un problema personal del otro, no nuestro.

“Para evitar la crítica no hagas nada, no digas nada, no seas nada”.

Marc Soriano
Coach Ejecutivo